Te basta una pincelada para sonreír
de pecho a pecho,
en la estela del flechazo, en la que siempre huía yo
de tus disparos miradores, que
mataban la magnética
del hambre de contacto.
Eras así una contradicción en los
términos, de todas las
existencias tranquilas, y
mansamente trasegadas.
Así erais.
Así eres, como sois, todas las que
vais al lugar de las batallas
con dos tortas de pan debajo de los ojos,
con dos barras que desbarran las
miradas que caminan.
Las columnas del templo que nos encaína al abismo.
Las columnas del templo que nos encaína al abismo.
Y ese veneno vuestro de pieles toxicas como flor de vida,
qué daño más fértil abona en la tierra del arar día a día
de nuestros sufridos cuerpos y sufridas mentes,
hartos de ahorrar lumbre, para el calor de la soledad impía.
Con unas gotas de médium se sale la
mirada de tus ojos,
y se vuelven verdes como el trigo,
verde luna, o negros de
puro castaño moro, como las reinas
de paraísos llenos
de cuernos de la abundancia.
Persiguiéndome todas, como si yo
fuera un príncipe, obispo
fondón medieval de los arroyos.
Solo con tu voz,
que es vuestra voz en coro de noche ruiseñora,
que es vuestra voz en coro de noche ruiseñora,
se plantan todas las flores del año
en su gracia.
Y cae toda la lluvia de las
canciones sin techo.
A las flores mendigas de humor sin tejado.
APerurj
2013-06-16
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