martes, 16 de julio de 2013

EL  SINIESTRO MUNDO  OPACO  ( la destruccíon)


Ellas, sobre todo ellas, con ellos, pero más que nada son ellas. Tapándose con la presunta, y a veces ridícula protección de ellos. Se necesitan como el mar la sal. Son parte de la misma patraña. Te mandan los mensajes etéreos, solo para tener la excusa de que luego  no  han sido ellas,  o ellos. Estamos hartos de majaras, te dirán ellos, con cara de perturbados  médicos de las galaxias, de gurús de lo subterráneo.

También lo dirán otros en sentido contrario, igual que  yo  lo digo.

Algunas de ellas te envían  mensajes etéreos en sus manoseos, sus  toques sutiles de sensual  ofidio. Alguna de ellas lo hace para cogerte en su red de embustes. En otras solo es un simple juego natural de las pieles.

Hay otras que me anunciaban, otras que te podrían anunciar a ti también, secretamente, el deseo de ser agasajadas. Para luego negarlo  ante su público, en su compañía,  invisible para mí o para ti, o quizá solo a un duende caballero,  solitario  payaso, defensor de mamarrachadas  indecentes. Le o les confiesa la patraña, sobre todo a ese padrastro  supletorio,  de que tú has sido un osado, un  indecente  sátiro  agresivo. A ese que no es padre, ni madre, ni hermano, ni primo, ni prima, ni hermana, ni tío , ni tía, ni amigo, ni amiga al margen de la empresa que os unió. Ya que en ese ámbito externo aconteció la supuesta metedura de pata que te achaca, seguramente adornada en lloriqueo.

A ese  padrastro  figurado, impertinente, bufón,  engañabobos, embustero  confesor de  señoritas,  calculadoramente mojigatas. El confesor aficionado a los relatos pornográficos. El alfeñique paridor de cagadas mentales, en sus actuaciones de mascarada imbécil. Que solo puede ser  caballero protector de las retrasadas mentales, que le adoran como a un  botafumeiro  roñoso, como a un predicador de banalidades  tópicas o  inextricablemente  absurdas.  Detrás de seres como este,  se camuflan las mujeres  inseguras de su actitud  ante el  que se presenta  llano, sin ningún recoveco entre las arrugas de su alma. Detrás de ese gurú insultante, cotilla marujón, que defiende  hasta, o más bien solo, a las anormales mosquitas muertas, que se  han colado en tu vida como amigas de pacotilla. Para contarle todos los cotilleos, como una mandada voz de su amo. Incluso utilizando a veces la estratagema, de simular desencuentros mutuos.

Y  ellas te enseñan sus tetas, sus culos, sus bragas, (que en lo habitual suele ser un simple juego natural de las pieles, y en ello se escudan estas catedráticas, en este caso una, de  la trampa ). Y se camuflan en que todos son mensajes ocultos, tan ocultos, metafísicos, y/o metafóricos, que luego pueden ser refutados, y defendida una honra  apestosa por seres a los que ellas acuden. Y que  son forasteros hasta de su propia alma, sobre todo de esta. Que no pintan nada, santones del celo almizclero, en ese cuadro de  enredos.

Aunque algunos te envíen, por  la original relación que les une en parejas, el mensaje  de  que se puede. Y  aunque no te lo digan ellos, tú te lo dices a ti mismo.  Que  si un gorila chimpancé anoréxico, o un sabio estrafalario  pueden atraer a una barbie,  tú  puedes ser amado, querido por un humano con la cara y el alma virgen de costras. Cristalino, diamantino,  con sus pequeñas muescas  cálidas. Una  chica que recién te haya  hablado como a un ser  especial, como digno de cariño. Como  alguien  al, o a la  que  también,  otro/a u otros,  escupan  o  hayan  escupido, y no lo ha pagado con nadie, salvo quizá consigo  misma. Y ni ella  ni  tú  lo hayáis merecido  nunca. Que  te de cariño, sin más contrapartidas que las de la  lógica voluntad.  Simplemente, con  la  reciprocidad de lo que es sincero. Y que  te lo haya dado ya otras  veces, en el recuerdo de ciertas personas  afines en emociones. Con un cerebro  bello e inteligente, aun debajo de un gran cuerpo. O precisamente por eso.  De un cuerpo de infarto,  del que  a veces  son poseedoras  las  que más respetan, las que valoran y no insultan ni vejan. O alguien con tan gran corazón y tan inocente, que ha sido ridiculizada  por alguna de las más habituales. O por gente de su entorno, que la  somete a la tortura de  los que no dan cuartel a la imperfección ajena. Mientras ellos  muestran la suya como una joya de museo.

Quizá  alguna de estas últimas  interfectas, sea  una  de las que más  buscan  compañías epatantes. Esas compañías de secta,  que solo buscan el resguardo del grupo , para no ser identificados como  inquisidores  de incautos.

Ya saben, mucho  cuidado siempre  con ellos, con ellas, con todos estos últimos. Hombres amujerados, mujeres, delicadamente o no, ahombradas. Variando de táctica y cambiando de careta, de manera a veces súbita. Nunca a las claras, nunca estableciendo su estado venéreo, como la gente que valientemente  enseña a las claras como es y lo que es. Porque ellas, ellos, en realidad no son nada.  Son el estéril  antagonismo  innegociable, intolerante  con su  esencia  propia,  equivoca, de  tolerantes con la mentira propia, y  ejecutores   de la  claridad ajena. Mamás  ellas y ellos, de todo lo mamable.  Ya  que puedes ser castigado entre sus  cuadrillas  afectas e  interesadas ,  por parecerles tú a todos ellos,  en uno de sus clásicos  juicios  de hipócrita,  un  indecente. Por  atrevido, por inconsciente, por todas las cosas de las que suelen  acusar ellos  a la  gente  espontanea, sincera, tonta de puro inocente.  Ellos,  los sabios del templo  de los embustes, maquinados  de noche, son  una  prueba  de ese juego taimado , rastrero. Son la prueba, la definitiva, de que hasta las primates, los homínidos, los simios, las serpientes,  las ratas, los sapos, las lagartas cornudas y venenosas,  pueden tener cabida en esta feria de las opiniones  en pública subasta. Siempre que estén camufladas en el anonimato de un grupo, esa secta,  de afines  en  el escarnio,  y en los planes  que suelen  hacer  en secreto,  semejantes  hijos de Satanás.

Hasta que se dé la vuelta a la tortilla. Porque  algún día, pronto, quizá mañana,  alguien acabara con ellos. Acabaremos con ellos, los que hemos estado callados. Tendremos preparada la guadaña, el puño, el canto de la mano, la  rodilla, el  codo, los pies bien cubiertos.  Para darles   con  ellos  la patada, el golpe  definitivo,  el  tajo, y enterrarles , y luego bailar sobre su tumba,  de inválidos mentales  del  espíritu.

AlPeHUER

2013-06-08

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