EL SINIESTRO
MUNDO OPACO ( la destruccíon)
Ellas, sobre todo ellas, con ellos, pero más que nada son ellas. Tapándose con la presunta, y a veces ridícula protección de ellos. Se necesitan como el mar la sal. Son parte de la misma patraña. Te mandan los mensajes etéreos, solo para tener la excusa de que luego no han sido ellas, o ellos. Estamos hartos de majaras, te dirán ellos, con cara de perturbados médicos de las galaxias, de gurús de lo subterráneo.
También lo dirán otros en sentido contrario, igual que yo lo digo.
Algunas de ellas te envían mensajes etéreos en sus manoseos, sus toques sutiles de sensual ofidio. Alguna de ellas lo hace para cogerte en su red de embustes. En otras solo es un simple juego natural de las pieles.
Hay otras que me anunciaban, otras que te podrían anunciar a ti también, secretamente, el deseo de ser agasajadas. Para luego negarlo ante su público, en su compañía, invisible para mí o para ti, o quizá solo a un duende caballero, solitario payaso, defensor de mamarrachadas indecentes. Le o les confiesa la patraña, sobre todo a ese padrastro supletorio, de que tú has sido un osado, un indecente sátiro agresivo. A ese que no es padre, ni madre, ni hermano, ni primo, ni prima, ni hermana, ni tío , ni tía, ni amigo, ni amiga al margen de la empresa que os unió. Ya que en ese ámbito externo aconteció la supuesta metedura de pata que te achaca, seguramente adornada en lloriqueo.
A ese padrastro figurado, impertinente, bufón, engañabobos, embustero confesor de señoritas, calculadoramente mojigatas. El confesor aficionado a los relatos pornográficos. El alfeñique paridor de cagadas mentales, en sus actuaciones de mascarada imbécil. Que solo puede ser caballero protector de las retrasadas mentales, que le adoran como a un botafumeiro roñoso, como a un predicador de banalidades tópicas o inextricablemente absurdas. Detrás de seres como este, se camuflan las mujeres inseguras de su actitud ante el que se presenta llano, sin ningún recoveco entre las arrugas de su alma. Detrás de ese gurú insultante, cotilla marujón, que defiende hasta, o más bien solo, a las anormales mosquitas muertas, que se han colado en tu vida como amigas de pacotilla. Para contarle todos los cotilleos, como una mandada voz de su amo. Incluso utilizando a veces la estratagema, de simular desencuentros mutuos.
Y ellas te enseñan sus tetas, sus culos, sus bragas, (que en lo habitual suele ser un simple juego natural de las pieles, y en ello se escudan estas catedráticas, en este caso una, de la trampa ). Y se camuflan en que todos son mensajes ocultos, tan ocultos, metafísicos, y/o metafóricos, que luego pueden ser refutados, y defendida una honra apestosa por seres a los que ellas acuden. Y que son forasteros hasta de su propia alma, sobre todo de esta. Que no pintan nada, santones del celo almizclero, en ese cuadro de enredos.
Aunque algunos te envíen, por la original relación que les une en parejas, el mensaje de que se puede. Y aunque no te lo digan ellos, tú te lo dices a ti mismo. Que si un gorila chimpancé anoréxico, o un sabio estrafalario pueden atraer a una barbie, tú puedes ser amado, querido por un humano con la cara y el alma virgen de costras. Cristalino, diamantino, con sus pequeñas muescas cálidas. Una chica que recién te haya hablado como a un ser especial, como digno de cariño. Como alguien al, o a la que también, otro/a u otros, escupan o hayan escupido, y no lo ha pagado con nadie, salvo quizá consigo misma. Y ni ella ni tú lo hayáis merecido nunca. Que te de cariño, sin más contrapartidas que las de la lógica voluntad. Simplemente, con la reciprocidad de lo que es sincero. Y que te lo haya dado ya otras veces, en el recuerdo de ciertas personas afines en emociones. Con un cerebro bello e inteligente, aun debajo de un gran cuerpo. O precisamente por eso. De un cuerpo de infarto, del que a veces son poseedoras las que más respetan, las que valoran y no insultan ni vejan. O alguien con tan gran corazón y tan inocente, que ha sido ridiculizada por alguna de las más habituales. O por gente de su entorno, que la somete a la tortura de los que no dan cuartel a la imperfección ajena. Mientras ellos muestran la suya como una joya de museo.
Quizá alguna de estas últimas interfectas, sea una de las que más buscan compañías epatantes. Esas compañías de secta, que solo buscan el resguardo del grupo , para no ser identificados como inquisidores de incautos.
Ya saben, mucho cuidado siempre con ellos, con ellas, con todos estos últimos. Hombres amujerados, mujeres, delicadamente o no, ahombradas. Variando de táctica y cambiando de careta, de manera a veces súbita. Nunca a las claras, nunca estableciendo su estado venéreo, como la gente que valientemente enseña a las claras como es y lo que es. Porque ellas, ellos, en realidad no son nada. Son el estéril antagonismo innegociable, intolerante con su esencia propia, equivoca, de tolerantes con la mentira propia, y ejecutores de la claridad ajena. Mamás ellas y ellos, de todo lo mamable. Ya que puedes ser castigado entre sus cuadrillas afectas e interesadas , por parecerles tú a todos ellos, en uno de sus clásicos juicios de hipócrita, un indecente. Por atrevido, por inconsciente, por todas las cosas de las que suelen acusar ellos a la gente espontanea, sincera, tonta de puro inocente. Ellos, los sabios del templo de los embustes, maquinados de noche, son una prueba de ese juego taimado , rastrero. Son la prueba, la definitiva, de que hasta las primates, los homínidos, los simios, las serpientes, las ratas, los sapos, las lagartas cornudas y venenosas, pueden tener cabida en esta feria de las opiniones en pública subasta. Siempre que estén camufladas en el anonimato de un grupo, esa secta, de afines en el escarnio, y en los planes que suelen hacer en secreto, semejantes hijos de Satanás.
Hasta que se dé la vuelta a la tortilla. Porque algún día, pronto, quizá mañana, alguien acabara con ellos. Acabaremos con ellos, los que hemos estado callados. Tendremos preparada la guadaña, el puño, el canto de la mano, la rodilla, el codo, los pies bien cubiertos. Para darles con ellos la patada, el golpe definitivo, el tajo, y enterrarles , y luego bailar sobre su tumba, de inválidos mentales del espíritu.
AlPeHUER
2013-06-08
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