Adonde te escondiste
alma de Dios sin huellas hecha mujer.
Donde busqué por no encontrarte
donde podré hallarte sin faltar.
Cuanto más me recojo en mi silencio
más te encuentro y te vislumbro,
pero no te recojo ni te tengo.
Será que yo he de hacerte con luz de agua
y aprender un mirarte sin velos
a semejanza del todo
y de la nada que yo soy.
Mándame una señal bien cierta
de tu amor, de tu ser abierto,
para que yo te pueda amar y te acoja
sin descanso y sin pena.
Ni trabajos, que del alma, abandonado muera.
Álvaro Pérez
2008-07-30
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