martes, 9 de julio de 2013

UNA  PIEL  EN  EL ESPACIO .-


Nos  unía la época  gris
que  enlaza  la eternidad  entre dos veranos.
Como el largo estío marengo, asomado a mi primavera
Yo te cogía despistada y tú  a mí,
como al chaval  sin luces  que  era
para el asunto de las pieles cogidas a traición.

Desde mi ventana apagada,
al resguardo de la sombra de esa oscuridad  maestra,
que era todo  un mundo,
eras mi heroína de Marte.

Cogida en falta en tu paraíso,
deambulabas, del  dormitorio al baño
y  del baño al dormitorio,
desnuda  como la  atmósfera  de todos los planetas muertos.

A veces tu sexto sentido  te advertía del peligro,
y  cerrabas las cortinas.
Yo no conocía aun el  Play-boy,
pero me bastaba la certeza de que ahí,
un piso más abajo ,
estabas tú,
como una heroína de la noche,
de la selvática sombra  de un Marte infinito.

Ahí  estabas, en el reclinatorio,
- tantas veces te me aparecías de rodillas
en el suelo, o en cuclillas,
jugando con tu secreto desliz -.

Otras veces, como tumbada en la chaise longue,
el  diván  armado  con  mis sueños  del  instinto,
esperando la próxima ocasión de acechar,
como cervatillo bachiller del celo,
aún  sin la insolencia juvenil
de querer  aspirar al trono de tu cuerpo,
pero ya preparado  como un don Juan curioso
de los bosques cifrados y geométricos,
para saltar  hacia tu selva nublada
con un impulso ingrávido,
núbil e inconsciente:
como la piel de la noche perdida en  tus garras.




para    M.
APHU

2013-07-09

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