DE DIOSES Y GUIJARROS.-
Si hay un dios que el capitalismo no admite,
es el de los que llevan guijarros en el bolsillo,
porque de ellos no se
llenan las cuentas corrientes.
Si hay un dios que el capitalismo no admite,
es el Cristo que da luz a los geranios, cubiertos
de humilde polvo, por bocacalles que encauzan
entre Barquillo y Malasaña, sudores de cielo.
entre Barquillo y Malasaña, sudores de cielo.
De polvo que brilla en plata humilde y seca,
y bebe del agua que sobra
en las sequías,
de los posos del café, de los silencios de casas
llenas de tiempo,
y de los ruidos jóvenes de gente que es
tan vieja
como el amor, y tan inocente
como la noche que se cree pecadora.
Hay incluso más dios donde más lo insultan.
Más todavía, incluso
donde lo insultan
con zalemas de intención mimosa,
porque no queda nada del insulto, del piropo fácil,
ante tanta
microscópica desnudez,
de un espíritu sutil.
de un espíritu sutil.
Dios es tan inocente como la presuntuosa noche,
no le conoce quien le insulta, porque es negro como la
noche,
invisible como la
noche,
de las estrellas
interiores más lejanas.
Como va insultar nadie a la noche, si es como un dios de los
geranios,
que los alimenta mientras duermen.
Como va insultar nadie a un Cristo que acompaña con sus
hojas verdes
a los vómitos borrachos y perdidos, de los que no saben quiénes son.
Como va a ser un Cristo dios capitalista un geranio
que no sabe de chaquetas ni corbatas,
de casullas ni tonsuras, ni bonetes.
Que solo conoce el olor ancestral del tabaco de los serenos,
de la humedad que riegan
los barrenderos.
El dios-capitalista es otro, que se encarno en el hombre,
para no conocer ni al geranio ni a la noche, ni al vomito
borracho,
ni a los besos desparramados como pétalos sin dueño,
por calles de lignito
y plata húmeda, brillante de pura suciedad
verdaderamente aristocrática.
Ese es el dios capitalista, que tiene nombre, apellidos,
dirección,
teléfono, mujer guapa , elegante y fría para lucir en
cócteles,
hijos con máster.
Hombre que no sabe dónde está cuando se pierde
en una calle oscura, antigua,
con olor a geranio jubilado, sonidos de radio familiar,
y pasos humanos,
demasiado humanos,
para ser reconocidos por ese dios metálico,
incoloro, inodoro, insípido, a régimen de gimnasio y
meditaciones
macrobióticas: entrenamiento, musculo, flema.
Un dios sin cruz, que solo pone cruces a otros, para tener
en
cabeza ajena la
experiencia de que en la vida se sufre.
Por lo menos él sabe que lo hacen, los pequeños dioses
con guijarros en los bolsillos.
a Leire
Álvaro Pérez
2013-05-26
No hay comentarios:
Publicar un comentario