VELOCIDAD DE LAS
PISCINAS.-
Yo era entonces un chiquillo, que no podía pensar en ti,
porque no te conocía todavía. No podía
figurarme, en que brazos de madre
estarías. O entre qué brazos de hombre
u hombres. Entre una leyenda de falso crup, y las
estancias de los fines de semana en la piscina de la finca de mis tíos abuelos, en las afueras de
Madrid, se paso esa mi niñez. Esa parte que
transcurre ya sin chupete. Entre la época
que cabe, desde el olvido de los
yogures, y el atracarse con los marrones más grandes de la vida.
Yo hacía el péndulo, entre la gordura sin autoestima, y el desanimo de cierta estética delgadez, alternadas como los días grises y los soleados. Entonces, fue cuando caí en la cuenta de que existían mujeres como mi prima Isabel. Y ahora caigo en la cuenta de que pude acabar como el Gran Gatsby, mientras subido en el montículo que ocupaba la pileta de agua de aquella finca, me dedique a jugar con el liquido. Pasaba la mano por la superficie, en una zona con forma de capsula medicinal, y me caí por la borda. No sabía nadar todavía. Mi prima Isabel, como de costumbre, estaría mirando la luz de la primavera, a ver si conseguía enamorarla, más que a mí todavía.
Otro de mis primos, melómano y amante de la caza, estaría hablando de cualquier faena de una feria de provincias, que le habría contado su padre. Con su deje simpático y lleno de vitalidad. Otro de los más cercanos a mí, no sé si estaría, porque no era de los que más frecuentaban el lugar con su familia. Yo en realidad no les veo en este recuerdo, en las edades cronológicas de ese momento exacto. Ya que en ese caso, dificilmente un niño de seis años como sería mi primo, luego melómano, podría hablar de toros. Y menos de una faena concreta, de un torero al que su padre admirase. A esas edades, los padres no hablaban con nosotros de las faenas de sus toreros preferidos, eso llegaría después. Pero la memoria es así, desorganizada y caótica.
El caso es que pude adelantarme al verdadero fundador de los Rolling Stones, flotando en una piscina, como un misterio de pantano viernes trece. Quizá solo estaba pensando en mi prima Isabel, distraído, o ya pensaba en ti, aunque me faltaran décadas para conocerte ya mujer. Quizá pensaba en si volvería a engordar, o adelgazaría más, o en cuándo me enseñarían a tirarme del trampolín, esa cosa tan vertiginosa como los saltos de Spiderman. O el vertigo de King Kong desde lo alto del rascacielos neoyorquino.
En definitiva, que el momento se me hizo eterno, manoteando como un ejecutado en la horca. Eso después de haber podido, hipotéticamente, confesar en mi Shutter Island, la muerte por ahogamiento de tu recuerdo futuro. También de mis silencios vivenciales familiares, y de mis dudas con la prima Isabel , que era una primavera, que nunca se acababa de consagrar.
El agua era un barullo de burbujas y de espacio astronáutico. Una placenta que me tragaba de nuevo. Pero que se movía como un remolino desordenado, que no presagiaba ningún final conocido. Y el sospechado por mí entre estertores sin aire, era el menos agradable.
Tuve hasta un modelo familiar de ahogado, un joven chico que trabajaba en la finquita, se ahogo en la otra piscina. Una especie de alberca que no usaba casi nadie, y que a él le dio por probar. Quizá todo sucedió después de una mala digestión , o de un corte de circulación por el calor ambiente y el agua frígida.
También pude
convertirme en coetáneo de Lucy,
la chica de Ferlosio que se ahogo en El Jarama.
Yo solo sé que dudaba de algo, cuando manoteaba con los dedos sobre el
agua. Quizá sobre que haría cuando te viera la primera vez, o cuando llegase el
momento de decirte las palabras más
importantes que hay que decir entre una mujer y un hombre. Si era eso , la
caída era inevitable. Mi tío abuelo me
sacó, no sé todavía si me sacó hacia ti,
o me sacó hacia mi propio vacio de
tantos años. Solo sé que me sacó, y me enseño
durante muchos años que existen muchos otros seres aparte de hombres y
mujeres, y niños y niñas, en el mundo.
Pero entre bicho y bicho, yo seguramente seguía teniendo un hueco para ti, hueco que me robaba alguna otra, durante demasiado tiempo, y también muchas otras ocupaciones frustrantes. Llego el momento de tirarse a la piscina, y yo temí convertirme en Gatsby, y que alguien me pegara un tiro por detrás, por robarte de sus brazos. ¿De polista o de mecánico?, eso era otro misterio.
Uno tan secreto como tu respuesta, que
no conozco del todo , de la que no estoy seguro, porque
no sé todavía si eres la que dices que eres. Y yo tampoco sé si soy el que creo
que soy, si soy el que tú crees que soy. O
si soy el que los otros me han venido diciendo que tengo que ser.
APHU
2013-05-20
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