domingo, 26 de mayo de 2013

MANUEL.-



Manuel era un hombre muy particular. Un hombre de campo, forjado por el campo y su dureza. Era de mediana estatura, cara siempre morena y curtida por el sol y el viento. Pero lo más peculiar en el era la mirada, pues de hecho tenía toda una retahíla de miradas. Desde la mirada de loco borracho en la que estaba especializado, la mirada tipo melancólico acompañada de quejidos teatreros a más no poder, la mirada alegre y esperanzada, casi como de hombre predestinado, de séneca que pretendía aparentar sabiduría ancestral; profeta del campo. Podría haber sido un gran actor.

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