MANUEL.-
Manuel era un hombre muy
particular. Un hombre de campo, forjado por el campo y su dureza. Era de
mediana estatura, cara siempre morena y curtida por el sol y el viento. Pero lo
más peculiar en el era la mirada, pues de hecho tenía toda una retahíla de
miradas. Desde la mirada de loco borracho en la que estaba especializado, la
mirada tipo melancólico acompañada de quejidos teatreros a más no poder, la
mirada alegre y esperanzada, casi como de hombre predestinado, de séneca que
pretendía aparentar sabiduría ancestral; profeta del campo. Podría haber sido
un gran actor.
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